El rendimiento de actividad económica es la base sobre la que se calcula el IRPF de un autónomo. Se obtiene restando a los ingresos íntegros los gastos deducibles y las amortizaciones, y aplicando después los ajustes que correspondan. Suena simple, pero cada paso tiene trampas: cobros que no son del año, gastos sin factura, bienes que se deducen dos veces.
Los ingresos que cuentan
Se declaran los ingresos íntegros, es decir, el importe antes de IVA y antes de retenciones. No se declara lo que llega al banco: se declara lo devengado, con independencia de cuándo se cobre. Una factura de diciembre cobrada en febrero pertenece al año de la factura.
Entran las ventas, los servicios prestados, los anticipos y los cobros en especie. No entran los suplidos facturados en nombre del cliente, ni el IVA repercutido, ni las subvenciones que tengan un tratamiento específico. Y ojo con las devoluciones y descuentos: minoran el ingreso del mismo ejercicio.
- Facturas emitidas por fecha de devengo, no de cobro.
- Ingresos en especie valorados a precio de mercado.
- Devoluciones y descuentos posteriores, restados del ingreso.
- Anticipos cobrados, imputados al periodo de la operación.
Qué gasto deduces y cuál no
Un gasto es deducible si está vinculado a la actividad, tiene justificación documental y se registra en el libro correspondiente. La vinculación es el filtro más discutido: Hacienda no exige que el gasto sea imprescindible, pero sí que sea necesario o conveniente para generar ingresos.
Los gastos de suministros de una vivienda afecta a la actividad se deducen por el porcentaje de afectación, y en el caso de la vivienda habitual hay que aplicar las reglas específicas. El vehículo tiene un límite habitual cuando es de uso mixto. Las dietas necesitan justificación del desplazamiento, no solo el ticket del restaurante.
- Cuotas de autónomos, colegios profesionales y seguros de la actividad.
- Alquiler, suministros y conectividad con factura a tu nombre.
- Software, materiales y servicios profesionales contratados.
- Gastos financieros de la actividad, incluidos los de financiación.
Error frecuente: deducir la compra de un equipo como gasto corriente. Si es un bien duradero, va por amortización, y deducirlo entero el primer año descuadra tu base.
Amortizaciones: el gasto que se reparte
Los bienes de inversión no se deducen de golpe: se amortizan según su vida útil. La cuota anual se calcula aplicando el porcentaje que fija la tabla de amortización sobre el precio de adquisición, sin IVA si es deducible. La amortización empieza cuando el bien está en condiciones de funcionar, no cuando lo compras.
Existen supuestos de libertad de amortización para inversiones de importe reducido y para determinados bienes de escaso valor, con límites que conviene revisar según la normativa vigente. Si compensa aplicarla, hazlo con criterio: una amortización agresiva hoy es una base mayor mañana si vendes el bien.
- Identifica el bien y su fecha de puesta en funcionamiento.
- Fija el valor amortizable, descontando el IVA deducible.
- Elige la tabla y el porcentaje aplicable.
- Registra la cuota cada año en el libro de bienes de inversión.
- Si vendes antes de amortizar del todo, ajusta la diferencia.
Del rendimiento neto a la base imponible
El rendimiento neto es ingresos menos gastos menos amortizaciones. A partir de ahí se aplican las reducciones que correspondan, y el resultado es el rendimiento neto reducido. Ese importe, junto con otros rendimientos, forma la base imponible del IRPF.
Durante el año se pagan anticipos mediante el pago fraccionado, que se calcula sobre el rendimiento acumulado. Esos pagos no son un impuesto definitivo: se descuentan de la cuota final. Si el año va mal, el pago fraccionado puede ajustarse, pero no desaparece por arte de magia.
- Rendimiento neto: ingresos menos gastos menos amortizaciones.
- Reducciones aplicables antes de la base.
- Pagos fraccionados descontados en la declaración anual.
- Retenciones soportadas, también descontadas de la cuota.
Los libros que sostienen el cálculo
En estimación directa simplificada hay que llevar libros de ingresos, de gastos y de bienes de inversión. No hace falta una contabilidad por partida doble, pero sí orden cronológico, numeración y soporte documental. Un libro de gastos con fotos de tickets y categorías claras es suficiente para la mayoría de autónomos, y convierte el cierre del año en una revisión de una tarde.
Consejo: concilia cada mes el banco con el libro. Si dejas pasar seis meses, los cobros y pagos sin identificar se acumulan y el rendimiento neto deja de ser fiable.
Preguntas frecuentes
¿Declaro el IVA que cobro a mis clientes?
No. El IVA repercutido no es ingreso tuyo: lo ingresas en Hacienda. Declaras la base imponible de tus facturas.
¿Puedo deducir el ordenador entero el primer año?
Como regla general va por amortización. Hay supuestos de libertad de amortización para importes reducidos, con condiciones que deben revisarse.
¿Qué pasa si un cliente no me paga?
La factura sigue siendo ingreso del año en que se devengó. Las pérdidas por insolvencia se tratan con reglas específicas y requieren justificación.