Contratos con clientes: cláusulas clave

Un contrato no arregla un mal proyecto, pero evita la mayoría de las discusiones. Estas son las cláusulas que de verdad se usan cuando algo sale mal.

• 8 min de lectura • Pymes

Un contrato mal redactado no se nota cuando todo va bien. Se nota el día que el cliente cambia el alcance, paga tarde o decide que el trabajo no era lo que esperaba. Para una pyme, un contrato de servicios claro es la diferencia entre una discusión de cinco minutos y un impago de tres meses.

Alcance: lo que no está escrito, no existe

La cláusula que más conflictos evita es la que describe el trabajo. Concreta entregables, formato, número de revisiones y qué queda fuera. «Diseño de la web» no es un alcance; «diseño y desarrollo de cinco páginas, dos rondas de cambios y entrega de accesos» sí lo es. Añade una lista de exclusiones: contenidos, fotografías, textos legales, integraciones con terceros. Si algo se cobra aparte, dilo en el contrato y no en la factura final.

Un truco que funciona: numera los entregables y adjunta un anexo con el detalle técnico. Así el contrato no se alarga y el alcance queda cerrado. Si el cliente pide algo que no está en la lista, tienes una respuesta objetiva: es un cambio, se presupuesta y se firma aparte. Discutir sobre una lista es más barato que discutir sobre expectativas.

Precio, IVA y calendario de pago

El contrato debe recoger el precio sin IVA, el tipo aplicable y si hay retención de IRPF. Además, el calendario: cuánto se paga al firmar, cuánto contra entrega y cuánto a plazos. En servicios recurrentes, indica la periodicidad y cómo se revisa la tarifa. Fija un plazo de pago concreto —treinta días es lo habitual— y las consecuencias del retraso: intereses de demora y suspensión del servicio. Sin esa cláusula, reclamar se complica y el cliente lo sabe.

Antes de firmar, decide qué harás si no paga: reclamación formal, suspensión del servicio o cesión a un abogado. La suspensión solo funciona si el contrato la recoge y si avisas por escrito con antelación. Reclamar sin base documental es más lento y más caro.

Ejemplo: un anticipo del 30-50% no es desconfianza, es financiación. Si tu proyecto dura dos meses, estás financiando al cliente mientras trabajas.

Propiedad intelectual: cuándo pasa al cliente

Por defecto, la propiedad del trabajo no se transfiere con la entrega. Especifica que los derechos se ceden al cliente una vez cobrado el precio completo, con qué alcance (uso, reproducción, modificación) y si la cesión es exclusiva o no. Reserva tu derecho a mostrar el trabajo en tu portfolio salvo que el cliente pida confidencialidad. Si usas librerías, plantillas o código propio, deja claro que la licencia no incluye esos elementos.

Responsabilidad: ponte un límite

Una cláusula de responsabilidad sin límite puede costarte más que el proyecto entero. Limita la indemnización al importe cobrado y excluye daños indirectos, pérdida de beneficio o lucro cesante. No prometas resultados concretos si no controlas todas las variables. Y define qué ocurre si el cliente aporta material defectuoso o incumple sus plazos de revisión.

Comprueba además que tu seguro de responsabilidad civil cubre la actividad concreta del contrato: una póliza genérica puede dejar fuera justo el trabajo que estás aceptando.

Cambios, cancelación y confidencialidad

Los proyectos cambian. Crea un procedimiento: cualquier cambio se pide por escrito, se presupuesta y se firma antes de ejecutarlo. Regula también la cancelación: qué se paga por el trabajo hecho hasta la fecha y con cuánto preaviso. Añade confidencialidad mutua y, si tratas datos personales, una cláusula de encargado del tratamiento conforme al RGPD.

Cuidado con las cláusulas desproporcionadas: una penalización muy alta o una renuncia total a los derechos del cliente puede anularse. Debe ser proporcional al daño real y estar redactada en lenguaje claro.

Si el cliente no quiere firmar

Un cliente que se niega a firmar un contrato razonable suele anticipar problemas. Puedes empezar con un presupuesto aceptado por escrito —un correo electrónico vale como prueba— y un alcance detallado. No sustituye al contrato, pero cubre lo básico. Guarda todas las comunicaciones y las versiones de los entregables.

Preguntas frecuentes

¿Necesito un abogado para redactar el contrato?

Para proyectos pequeños, una plantilla revisada una vez por un profesional es suficiente. Si el importe es alto o el riesgo elevado, invierte en revisión legal.

¿Vale un correo aceptando el presupuesto?

Como prueba del acuerdo, sí, pero regula menos cosas. Cuanto más alto el importe, más conviene un documento firmado por ambas partes.

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Última actualización: 22 de marzo, 2026

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