El contrato mercantil no es burocracia: es la herramienta que fija qué entregas, cuándo y por cuánto. Un documento de dos páginas bien redactado evita más conflictos que cien correos intercambiados con buena intención y con un alcance distinto en cada mensaje. Sin él, cada cambio de opinión se convierte en una negociación.
También protege al cliente, y eso ayuda a vender. Quien firma sabe qué recibe, cuándo lo recibe y qué pasa si algo falla. La claridad es parte del servicio, no un trámite previo que se pueda saltar cuando hay prisa por empezar, y te protege si el cliente cambia de interlocutor a mitad del proyecto.
Objeto y alcance del servicio
La primera cláusula debe describir qué entregas, con qué nivel de detalle y qué queda fuera. Un objeto vago genera discusiones cuando el cliente espera más de lo pactado. Adjunta un anexo técnico si el trabajo es complejo o si intervienen varias personas.
Define también el criterio de aceptación: quién revisa, en qué plazo y qué pasa si no contesta. Sin ese mecanismo, la entrega se considera discutida durante semanas y el cobro se retrasa aunque hayas cumplido con creces. Deja las fechas por escrito, no de palabra.
Precio, plazos y forma de pago
Fija el precio, si incluye IVA y cómo se factura: por hitos, por horas o contra entrega. Añade el plazo de pago y qué ocurre con los retrasos. Recuerda que los plazos entre empresas tienen límites legales si no pactas nada por escrito.
Si el proyecto es largo, ata los hitos a entregas verificables y no a fechas del calendario. Así evitas facturar por trabajo que aún no está aprobado y reduces el riesgo de impago cuando el cliente cambia de prioridades a mitad del encargo.
- Porcentaje de anticipo y condiciones para devolverlo.
- Intereses de demora aplicables y gastos de reclamación.
- Revisión de precio si el alcance cambia.
Confidencialidad y propiedad intelectual
Si entregas código, diseños o contenidos, deja claro quién es el titular. Lo habitual es ceder los derechos de uso al cliente tras el pago completo, no antes, y reservarte las herramientas previas que ya tenías y que reutilizarás en otros proyectos.
La cláusula de confidencialidad debe tener plazo y excepciones: información pública, requerimientos judiciales y obligaciones legales. Sin excepciones, puede ser imposible de cumplir y acabarás incumpliendo por obligación legal, con riesgo de penalización. Define también quién responde si la información se filtra por un colaborador.
Exclusividad y no competencia
La exclusividad no se presume: hay que pactarla y, si limita tu capacidad de facturar a otros, compensarla. Una cláusula de no competencia sin contraprestación es difícil de defender y puede anularse si alguien la lleva a juicio. Si el cliente quiere exclusividad total, pide un mínimo de facturación anual.
Delimita el ámbito: sector, territorio y duración. Una prohibición indefinida equivale a renunciar a tu oficio, y ningún juez la sostendrá. Si el cliente la exige, pon precio a esa limitación antes de firmar y revisa que no te impida trabajar en el sector al terminar.
Resolución y penalizaciones
Regula la salida: preaviso, trabajos en curso, entregas pendientes y devolución de material. Una penalización razonable evita litigios, pero si es desproporcionada un juez puede moderarla. Mejor vincular la penalización a un daño concreto y demostrable, con cifras y no con advertencias genéricas.
Incluye también la fuerza mayor y qué pasa si el cliente paraliza el proyecto. Sin esa cláusula, puedes quedarte con un trabajo a medias, sin cobrar y sin poder dedicarte a otro cliente durante semanas. Pacta un plazo para retomar y una compensación por la paralización.
Preguntas frecuentes
¿Un contrato mercantil puede incluir vacaciones?
No. Si incluyes descansos retribuidos, horario fijo y subordinación, el contrato se parece a uno laboral. Eso no significa que no puedas pactar plazos de entrega y disponibilidad.
¿Hace falta que lo revise un abogado?
Para importes altos o trabajos con propiedad intelectual sí. Para servicios pequeños, una plantilla bien redactada con objeto, precio y pago claro reduce la mayoría de los conflictos.
¿Qué pasa si el cliente no paga?
Con contrato y factura puedes reclamar por vía judicial o monitoria. Los intereses de demora y la indemnización por costes de cobro se aplican si los has pactado o si la ley de morosidad lo permite.