Muchos autónomos contratan el seguro por exigencia del cliente o del colegio profesional, sin mirar qué cubre realmente. El problema aparece cuando hay un siniestro y descubren que la póliza no incluía esa actividad o que la franquicia se come el importe.
Qué cubre la responsabilidad civil
La responsabilidad civil cubre los daños que causas a terceros en el ejercicio de tu actividad: daños materiales, corporales o perjuicios económicos derivados. La aseguradora responde hasta el límite contratado y según las condiciones de la póliza.
Los conceptos que conviene identificar en la póliza son:
- Responsabilidad civil general: daños a terceros por la actividad.
- Responsabilidad civil profesional: errores en el servicio prestado.
- Responsabilidad civil patronal: daños a trabajadores, si los tienes.
- Defensa jurídica: abogado y procurador para reclamaciones.
- Límite por siniestro y anual: el techo real de la cobertura.
Lee la actividad asegurada: la póliza cubre lo que dice el apartado de actividad, no lo que tú crees que haces. Si has ampliado servicios, revisa si siguen dentro.
Actividades con seguro obligatorio
No todas las actividades exigen responsabilidad civil, pero varias sí, y algunas de forma bastante estricta. Entre las más habituales están las sanitarias, las de construcción, las de transporte, las de seguridad y muchas actividades colegiadas. También hay clientes que la exigen por contrato aunque la ley no la imponga.
Comprueba tu caso concreto: normativa sectorial, contrato con el cliente y requisitos del colegio profesional. Si trabajas para administraciones o grandes empresas, es frecuente que te pidan un certificado de cobertura con un límite mínimo.
Cómo comparar pólizas sin perderse
Comparar solo la prima es el camino más rápido a una mala cobertura. Mira estos elementos:
- Actividad asegurada y si incluye los trabajos que realmente haces.
- Límite por siniestro, no solo el límite anual.
- Franquicia: cuánto pagas tú antes de que responda la aseguradora.
- Extensiones: daños por productos, trabajos terminados, asistencia.
- Defensa jurídica y libre elección de abogado.
- Periodo de carencia y retroactividad de la cobertura.
Pide siempre las condiciones particulares y el cuadro de coberturas. Si un comercial no te los envía por escrito, es una señal. Una póliza buena se entiende en una lectura atenta.
Errores frecuentes al contratar
Los tropiezos más caros suelen ser estos:
- Declarar una actividad distinta de la real para pagar menos prima.
- Contratar un límite insuficiente para el tamaño de los proyectos.
- Ignorar la franquicia y descubrirla en el primer siniestro.
- No actualizar la póliza cuando cambias de actividad o de cliente.
- Cancelar la póliza sin comprobar los plazos de preaviso.
Consejo: revisa la póliza una vez al año, junto con la cuota y la previsión de ingresos. Si tu facturación crece, tu exposición al riesgo también.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio para todos los autónomos?
No. Depende de la actividad y de la normativa sectorial. Algunos clientes también lo exigen por contrato, aunque la ley no lo imponga.
¿Cubre los errores en el trabajo entregado?
Debe estar incluida la responsabilidad civil profesional y, en su caso, la cobertura de trabajos terminados. Sin esas extensiones, el error puede quedar fuera.
¿Puedo deducir la prima?
Sí, como gasto relacionado con la actividad, siempre que la póliza esté a tu nombre y tengas la factura. Es un gasto recurrente fácil de justificar.