Firmar un acuerdo de teletrabajo copiado de internet es la vía más rápida a un conflicto. Cuando la persona trabaja desde casa, las reglas del día a día se diluyen: quién paga la silla, qué pasa si se cae internet, cómo se mide la jornada o si hay que contestar el móvil a las nueve de la noche. Sin documento escrito, cada duda se resuelve por costumbre.
Esta guía repasa las cláusulas que de verdad sostienen el acuerdo: el puesto y las funciones, los equipos, los gastos, la desconexión digital, la prevención de riesgos y el momento de revisarlo. No encontrarás una plantilla única, porque no existe, pero sí los puntos que conviene cerrar antes de que el teletrabajo se convierta en una fuente de fricción semanal.
Puesto, funciones y presencia
El acuerdo debe empezar por el puesto: qué funciones se desempeñan en remoto, desde dónde y con qué porcentaje de jornada. No vale un genérico de trabajo desde casa. Si la persona va a acudir a la oficina algunos días, fija cuáles y cómo se avisa de un cambio. Cuanto más concreto sea el reparto, menos margen habrá para discutir en marzo lo que se acordó en enero.
También conviene describir el centro de trabajo de referencia, porque de él dependen el convenio aplicable y las obligaciones de coordinación. Si el teletrabajo es parcial, deja claro que el puesto no cambia de naturaleza por trabajar unos días fuera. Y evita cláusulas que permitan modificar funciones de forma unilateral: si el puesto cambia de verdad, el acuerdo debe reflejarlo.
- Identifica el puesto, las funciones en remoto y el centro de referencia.
- Fija los días de presencia y la forma de avisar de un cambio.
- Evita cláusulas que permitan cambiar funciones sin acuerdo escrito.
Un acuerdo vago se interpreta siempre a favor de quien tiene menos poder en la relación. Concreta el puesto, los días y el centro antes de firmar.
Equipos, gastos y compensación
Define quién pone los medios: ordenador, pantalla, silla, conexión. Lo habitual es que la empresa aporte el equipo necesario y asuma su mantenimiento, y que la persona lo cuide. Si alguien usa su propio equipo, deja por escrito qué pasa con las averías, con el soporte y con la retirada de datos cuando termine la relación laboral o cambie de puesto.
Los gastos son el punto que más roces genera. Luz, internet, calefacción y material se pueden compensar con una cantidad fija, con el pago de facturas o con una mezcla de ambos. No hay una fórmula única: lo importante es que el criterio esté escrito, que sea proporcionado y que se pueda explicar. Revisa tu caso y documenta cómo calculas la compensación.
- Decide qué equipo aporta la empresa y quién asume el mantenimiento.
- Fija un criterio de gastos y explícalo dentro del propio acuerdo.
- Guarda las facturas o el cálculo que justifica la cantidad pactada.
- Prevé qué ocurre con los datos y los equipos al terminar.
Desconexión, prevención y revisión
La desconexión digital no se resuelve con una frase. El acuerdo debe decir cuál es el horario, si hay disponibilidad fuera de él y cómo se compensa. Si el equipo usa el móvil de la empresa para avisos, aclara para qué y en qué franjas. Con carácter general, nadie está obligado a responder fuera de su jornada, salvo casos justificados y pactados por escrito.
En prevención, la empresa debe evaluar el puesto de trabajo a distancia igual que el presencial. Eso incluye riesgos ergonómicos, psicosociales y de organización del tiempo. Y el acuerdo necesita una cláusula de revisión: un teletrabajo que empezó con dos días puede acabar siendo cinco. Fija cuándo y cómo se revisa, y firma la versión nueva cuando toque.
- Concreta el horario y qué se considera disponibilidad fuera de él.
- Evalúa los riesgos del puesto en casa y deja constancia.
- Fija una revisión anual o cuando cambien las condiciones.
La desconexión se demuestra con horarios claros y con la práctica diaria. Un párrafo en el acuerdo no compensa un móvil que suena a medianoche.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio firmar un acuerdo de teletrabajo?
Si la relación laboral se desarrolla a distancia, con carácter general debe existir un acuerdo escrito que recoja las condiciones. No es un contrato distinto, sino un documento que ordena el trabajo a distancia. Revisa tu convenio y tu caso, porque el alcance y el contenido pueden variar según el sector y el tipo de puesto.
¿Quién paga la silla y la mesa si trabajo desde casa?
No hay una regla única. Lo habitual es que la empresa aporte los medios necesarios y que el acuerdo concrete qué se considera necesario. Si la persona pone parte del mobiliario, deja por escrito si hay compensación y cómo se calcula. Lo importante es que el criterio sea claro, proporcionado y esté recogido en el documento.
¿Cada cuánto hay que revisar el acuerdo?
No hay un plazo fijo, pero conviene revisarlo cuando cambian el puesto, el porcentaje de trabajo a distancia, los equipos o la organización del equipo. Muchas empresas fijan una revisión anual y otra a petición de cualquiera de las partes. Lo que no debe pasar es que el acuerdo firmado describa una situación que ya no existe.